Cuando comenzaba a enamorarme de tí,
hiciste que tragara todas mis futuras palabras,
al irte,
lejos,
con una luminosa y brillante antorcha roja,
en medio de la oscura y tenebrosa noche.
Soy la muerte y lo vivido,
soy la calma, soy tu Dios.
Cierra los ojos y te llevaré,
donde los sueños se hacen canción.
Hoy mis lágrimas se quieren suicidar,
acurrucadas morir en tu piel;
ahora al fin soy aire.
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